Calidad del agua potable vs Sostenibilidad Medioambiental ¿Realmente una disyuntiva?

El pasado mes de diciembre dedicamos un artículo a los sistemas de recuperación de aguas grises y pluviales instalados en el proyecto Mo de la calle Espronceda, en Madrid. En esta ocasión vamos a revisitar ese interesante proyecto, para detenernos en la solución de tratamiento del agua potable que instalamos allí.

La gente se ha preocupado por la calidad del agua que bebe desde épocas remotas, intentando diferentes métodos para mejorar su olor y sabor. Los griegos la filtraban con carbón, y los egipcios la decantaban, dejándola reposar en vasijas de barro para librarla de impurezas. Incluso añadían sustancias minerales y vegetales para facilitar la precipitación de partículas, lo cual dio lugar al método de coagulación que ha llegado a nuestros días. Miles de años después, continuamos tratando el agua con aquellos métodos que nos llegaron de la antigüedad, en combinación con otros que fuimos añadiendo a lo largo de la historia, como la cloración, la precipitación por oxidación, y la osmosis inversa.

En Madrid tenemos la fortuna de contar con un abastecimiento seguro y constante de agua potable de buena calidad, captada, tratada, conducida y servida por el Canal Isabel II, directamente en nuestro grifo. Aún así, el agua del grifo contiene sedimentos recogidos en su recorrido por las tuberías, y residuos químicos resultantes del tratamiento al que se somete para su desinfección.

Por ello, muchos locales que elaboran productos para el consumo del publico en nuestra ciudad, apuestan por tratamientos adicionales del agua, a fin de elevar más aún su calidad. El método más comúnmente utilizado es la ósmosis inversa. A grandes rasgos, se trata de un sistema de depuración mediante membranas semipermeables que retienen prácticamente la totalidad de las impurezas que pueda contener el agua. El proceso es muy eficaz, consiguiendo la desalinización absoluta y la eliminación de bacterias, olores y sabores. Lamentablemente, mejorar la calidad del agua con este sistema conlleva un gran desperdicio del preciado recurso.

El problema es que no todo el volumen de agua que entra en los filtros de ósmosis atraviesa las membranas. La parte que lo consigue es la que se utiliza para el consumo, pero la otra parte, que retiene a los elementos filtrados, se desecha. En condiciones normales, estos sistemas pueden desechar entre 1 a 10 litros de agua para obtener un litro de agua de mejor calidad. En circunstancias adversas, como cuando la presión de agua en la red no es la adecuada, el volumen de agua desperdiciada en el proceso puede llegar a ser dos o tres veces mayor.

El proyecto Mo de Movimiento requería de nuestros ingenieros soluciones de tratamiento del agua potable que elevaran su calidad a niveles exquisitos de excelencia, pero no a cualquier precio.

En total consonancia con los valores de Zetus, para este proyecto se consideraron el impacto medioambiental y la racionalidad en el uso de los recursos como dimensiones esenciales de la calidad ofrecida a los usuarios de las instalaciones. Precisamente, se buscaba una solución de tratamiento in-situ del agua de la red, que fuera medioambientalmente sostenible y evitara la alternativa trivial del uso de agua embotellada, considerando el impacto de todo el ciclo de vida del agua embotellada, no solo su producción, embotellamiento y distribución, sino también el impacto de los medios de transporte, de la producción, reciclado y/o gestión de los desechos de los envases contenedores, etc.

Por coherencia con los criterios anteriores, la osmosis inversa quedó descartada. En su lugar, optamos por una solución que combina secuencialmente varios pasos de tratamiento. El proceso comienza con un primer paso de filtración mecánica, donde el agua que viene de la red pública se hace pasar por un filtro que contiene un cartucho de polipropileno prensado de 20 micras. A continuación, se vuelve filtrar el agua, esta vez con un cartucho de polipropileno prensado de 5 micras, eliminando así los sedimentos que trae el agua.

En un segundo paso, el agua se conduce un por un filtro automático de decloración mediante carbón activo, con ello se eliminan el cloro que viene de la red pública, los metales pesados, y los olores y sabores que pueda tener el agua.

Al salir del declorador, se procede nuevamente al paso por un filtro mecánico, esta vez con cartucho de polipropileno prensado de 1 micra, eliminando residuos de pequeñas partículas que pudieran crear “sombras” y disminuir la eficacia de la lámpara de luz ultravioleta.

Por último, se desinfesta el agua usando, precisamente, luz ultravioleta emitida por lámparas especiales de mercurio a baja presión. Las bacterias, los virus, y los protozoos, al ser expuestos a las longitudes de onda de la luz UV pierden la capacidad de reproducirse e infectar. Gracias a esta capacidad germicida, que permite la desinfección del agua sin sustancias químicas añadidas, la luz UV constituye una excelente alternativa para el tratamiento del agua potable de forma respetuosa con el medio ambiente.



Con el tratamiento de luz UV se eliminan del agua numerosos microorganismos patógenos, tales como los causantes del cólera, la polio, la fiebre tifoidea, la hepatitis y otras enfermedades bacterianas, víricas y parasitarias, destacando especialmente su eficacia contra el Cryptosporidium y la Giardia, que son inmunes al tratamiento del agua con cloro.

El mantenimiento preventivo de este sistema es sencillo, solamente requiere cambiar los filtros y la lámpara UV cuando sea necesario. Mediante manómetros instalados para controlar la presión en el sistema y el estado de los filtros, se podrá conocer oportunamente cuando ha llegado el momento de cambiarlos. En el caso de la lámpara UV, se cuenta con un cuadro de control que va llevando la traza de su tiempo de uso y emite el aviso de recambio cuando sea necesario.

Gracias a la instalación escalonada de filtros de 20, 5 y 1 micras, y a la posibilidad de comprobar el estado del sistema mediante los manómetros y el cuadro de control, se consigue operar el sistema, sin imprevistos, durante largos períodos de tiempo, pudiéndose planificar las actuaciones de mantenimiento y recambio convenientemente. Esto es muy valorado en instalaciones que ofrecen servicios al público, como es el caso en este restaurante de la calle Espronceda.

Nuestro compañero Javier Merchán estuvo al frente de la instalación en la obra, y nos muestra los resultados en el video a continuación:

Como nos comenta Javier en el video, las ventajas de la solución instalada son las siguientes:

  • Se obtiene agua potable de altísima calidad sin adicionarle ningún componente.
  • Tampoco se generan residuos. Se trata de un proceso de tratamiento del agua mediante filtrado mecánico y luz ultravioleta.
  • Se evita el consumo de agua embotellada, contribuyendo a evitar el negativo impacto de este producto en el medio ambiente, por razones diversas como los desequilibrios medioambientales que produce su extracción, la contaminación producida por el uso de combustibles fósiles durante su transportación, o por el impacto negativo de los plásticos utilizados para envasarla.
  • El mantenimiento del sistema es sencillo de realizar, requiriendo exclusivamente el recambio de los filtros y de la lámpara UV con una frecuencia muy razonable, y con opciones de seguimiento que permiten hacer el mantenimiento preventivo programado y evitar disrupciones en la operación.

Nos llena de entusiasmo constatar que cada vez más clientes apuestan por la ejecución de obras con cuidada atención a su impacto en el medio ambiente, y agradecemos sinceramente al equipo de Mo de Movimiento, por la confianza depositada en nuestra pequeña empresa para demostrar que, en efecto, la calidad de los servicios y la sostenibilidad medioambiental no son dos opciones contrapuestas.

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