Nadie nos ha robado el mes de abril.

El aire contaminado es malo, todos lo sabemos. Tanto así, que por todas partes se han desplegado estaciones de monitoreo de su calidad en las ciudades. En Madrid, tenemos incluso sofisticadas estaciones que utilizan sensores láser de partículas para medir, en tiempo real, los niveles de los contaminantes más dañinos, y en función de ello hasta hemos llegado a gestionar el acceso de vehículos contaminantes a la urbe.

El discurso sobre la calidad del aire, en general, se articula alrededor de los óxidos de nitrógeno, las partículas en suspensión, el ozono troposférico, los óxidos de azufre, el monóxido y el dióxido de carbono, los hidrocarburos —como el benceno, el metano, o el tolueno—, los metales —como el plomo, el arsénico o el mercurio—, y sobre los negativos efectos que tan numerosos contaminantes tienen para la salud humana. Muy bien, parece que vamos tomando conciencia de la importancia de la calidad del aire exterior en nuestras ciudades, y que el tema va escalando en las prioridades y en la agenda política de nuestros gobernantes y gestores públicos.

¿Pero... os habéis detenido a pensar en la calidad del aire que respiramos en aquellos espacios cerrados en los que permanecemos la absoluta mayoría del tiempo?

Quizás estos días de confinamiento forzado por el COVID-19 constituyan un momento oportuno para hacer una reflexión sobre la calidad del aire en el interior de nuestros lugares habituales, los hogares, los trabajos y los espacios comerciales que frecuentamos. Es un tema que viene al caso, por el papel que dichos espacios cerrados parecen estar jugando en la evolución de la pandemia, y no solamente nos referimos al confinamiento.

Desde el inicio de la pandemia, los expertos han estado prestando atención a dos posibles vías de trasmisión del coronavirus, el contacto con las superficies donde se ha depositado el virus, y la infección a través de las gotículas trasmitidas por los estornudos o la tos. De ahí la batalla por los guantes y las mascarillas, o la insistencia en el lavado de las manos. Pero la velocidad y magnitud de expansión de esta infección, incluso entre profesionales de la salud que han estado utilizando elementos de protección individual adecuados en entornos controlados de asistencia a los enfermos, indican que las dos vías mencionadas no pueden ser los únicos mecanismos de propagación de la infección. Así lo indica, también, el análisis del brote epidémico en diferentes países, donde por ejemplo, algunos de los "pacientes cero" parecen haberse contagiado tras haber quedado simplemente a comer con algún conocido que regresaba de alguna lejana región, donde ya se había extendido la epidemia.

Al parecer, el contagio también está ocurriendo durante las conversaciones, aún cuando los interlocutores mantengan cierta distancia, como explica, en el video a continuación, el investigador de la Universidad de Toho, Kazuhiro Tateda, presidente de la Asociación Japonesa de Enfermedades Infecciosas.

Este video de Youtube es un fragmento de un documental trasmitido por la cadena pública de televisión japonesa NHK WORLD JAPAN, el pasado 26 de marzo. El documental original, en inglés, está íntegramente disponible en el siguiente enlace: COVID-19: Fighting a Pandemic. NHK Documentary (53m 20s)

De modo que los investigadores están estudiando la capacidad del virus de sobrevivir, durante varias horas, en partículas micrométricas que quedan suspendidas en el aire cuando hablamos, o cuando respiramos de forma agitada, en lugares cerrados que no estén permanentemente ventilados. Esto explicaría mucho mejor lo que vamos conociendo sobre la propagación de esta sorprendente enfermedad.

Los expertos japoneses que llevan a cabo el referido estudio recomiendan que se ventilen las habitaciones, abriendo ventanas opuestas para que crear una corriente que renueve el aire, al menos una vez cada hora.

Mucho se está hablando sobre la forma en que esta crisis ha de impactar nuestros hábitos y costumbres, y de cómo modificará algunos paradigmas socioeconómicos y culturales de la vida moderna. En Zetus, desde el lado positivo de estos cambios, esperamos que nos haga tomar conciencia de la necesidad e importancia de vivir en espacios saludables, dónde una buena ventilación es imprescindible.

En efecto, además de los contaminantes de tipo biológico como el virus que ahora tanto nos preocupa —y otros virus, bacterias, mohos, hongos y patógenos microscópicos, que se conoce pueden vivir suspendidos en el aire viciado de los espacios cerrados— existen otros contaminantes residenciales interiores, incluidos la humedad excesiva, los compuestos orgánicos volátiles, los productos de la combustión, el radón, o las propias partículas de polvo, que pueden contaminar el aire que respiramos y afectar severamente nuestra salud. Estos contaminantes tienen su origen en diversos factores cotidianos, por ejemplo, la combustión en cocinas y calderas, el uso de productos domésticos como pinturas, productos de limpieza y desinfección, plaguicidas para el control de insectos y roedores, o incluso en la saliva de nuestras mascotas o las células muertas de la piel que los humanos vamos desprendiendo constantemente.

Actualmente, el Documento Básico de Salubridad (DB-HS) del Código Técnico de la Edificación (CTE) vigente, obliga a adoptar soluciones de ventilación híbrida o mecánica que garanticen una buena calidad del aire interior en las viviendas. Pero aún no se ha generalizado entre los consumidores la comprensión plena de que los sistemas de ventilación no son un lujo, sino una necesidad higiénica básica de gran impacto en nuestra salud, y por ello, aunque muchos aplauden las medidas contra la contaminación del aire exterior, y se apresuran a colocar las pegatinas distintivas de eficiencia energética en los parabrisas de sus coches, son relativamente pocos los que ya han priorizado en sus proyecciones empresariales o planes domésticos, la correcta ventilación de sus inmuebles.

Obviamente, la recomendación japonesa de ventilar las habitaciones abriendo las ventas cada hora puede ayudar en una situación desesperada, como esta en que nos encontramos y que esperamos pase pronto, pero no es una solución sostenible en la vida cotidiana. No sólo porque nos lleva a comprometer otro importante parámetro de confort de los espacios que habitamos, como es la temperatura interior, sino porque al ventilar por vías tradicionales consumiremos mucha más energía para volver a calentar el inmueble en invierno, o a enfriarlo en el verano. Además, al valorar la eficacia de este método, habría que considerar la ubicación del edificio y los niveles de contaminación ambiental y de ruido en su entorno.

Afortunadamente, hoy en día contamos con soluciones específicas de ventilación que nos permitirán garantizar la calidad del aire que respiramos en cualquier tipo de inmueble, a la vez que mejoramos su eficiencia energética. Algunas de estas soluciones se basan en sistemas de ventilación con recuperación de calor.

El principio general de funcionamiento de los sistemas de ventilación con recuperación de calor es bastante sencillo. En el siguiente video didáctico, Zetucia, la mascota de Zetus, lo explica brevemente:

Como veis, se trata de sistemas inteligentes que facilitan la renovación y saneamiento del aire interior, protegiéndonos de diminutos enemigos silenciosos —demostradamente letales—, mientras aprovechan la propia energía del aire circulante para gestionar la temperatura y producir el confort deseado en nuestros espacios interiores, disminuyendo además el consumo y gasto energético.

El mismo equipo de ingenieros e instaladores profesionales de Zetus que ha estado en el frente de esta batalla —tanto en la instalación del sistema de conducción de gases medicinales que alimenta los cabeceros de las camas del hospital de emergencia en IFEMA, como en el reparto de mascarillas a hospitales, refugios de animales, residencias y puntos de control en carretera de la guardia civil—, también tiene un importante aporte que hacer a la batalla continua que ha de comenzar según vayamos saliendo de esta crisis, porque contamos con una prolongada experiencia diseñando y realizando instalaciones inteligentes de ventilación, que forman parte de la necesaria apuesta de futuro para evitar el repunte del virus y el retorno de la epidemia.

Al contar con nuestra propia oficina de ingeniería, y conocer de primera mano los mecanismos de financiación más apropiados para acometer estas instalaciones, podemos proporcionar soluciones adaptadas a las necesidades de cada inmueble, y ponerlas al alcance de cada cliente.

Ponte en contacto con nosotros cuanto antes, pues continuamos como siempre, activos, comprometidos y mirando hacia el futuro.

¡A Zetus, nadie le ha robado el mes de abril!

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